El día que Prince perdió la batalla con sus fans.

Publicado el 20/11/2007, por ROBERTO CASADO. Londres

Ni siquiera Prince, que se planteó demandar a sus propios fans por las descargas ilegales de sus canciones, ha podido oponerse a los nuevos tiempos del sector de la música. El público no quiere pagar en Internet y la industria no deja de ensayar nuevas vías de financiación.

Guy Hands, consejero delegado de la firma de capital riesgo Terra Firma, dejó estupefactos a los inversores hace un par de meses, al explicar la inversión de 2.400 millones de libras (3.360 millones de euros) realizada para adquirir la discográfica EMI. “Buscábamos el peor negocio que pudiéramos encontrar en el sector más complicado y estamos felices porque hemos comprado algo que está realmente mal”.

No es que Terra Firma se dedique a tirar el dinero. Simplemente, compra empresas en crisis para relanzarlas y vender sus acciones con grandes beneficios. En el caso de EMI, la firma de capital riesgo lo tiene complicado para rentabilizar su inversión porque el sector discográfico se enfrenta a una tendencia social imparable: el público considera que la música grabada en cualquier soporte, especialmente digital, es gratis. La peor parte se la lleva la venta de soportes físicos. El CD, que acaba de cumplir su 25 aniversario, está agonizando ante la proliferación de sistemas digitales que permiten disfrutar de la música a un coste muy inferior, o nulo.

Éxito insuficiente
La apuesta inicial de la industria para contrarrestar el hundimiento del CD ha sido la comercialización digital de la música, a través de Internet, el teléfono móvil o aparatos portátiles como el iPod. Pero como reconoce la IFPI, la asociación de las principales empresas discográficas, “la música digital, pese a su éxito [facturó 2.000 millones de dólares en 2006] no ha logrado convertirse en el santo grial para compensar la caída del CD. La piratería y la devaluación del contenido musical son una amenaza real para los medios digitales”.

El concepto de que la música es gratis es tan potente que existe un grave peligro de que la venta de canciones en Internet muera como negocio poco tiempo después de nacer, como puede suceder con la prensa. Cada vez hay menos periódicos que cobran por sus contenidos digitales y Rupert Murdoch, nuevo dueño de The Wall Street Journal, ya ha anunciado su intención de eliminar el sistema de suscripciones del rotativo financiero estadounidense, uno de los más exitosos en la web. Ejemplo de la tensión que existe en el sector discográfico es el conflicto del cantante Prince con varios grupos de sus fans.

El artista amagó hace dos semanas con presentar una demanda contra algunas páginas de Internet en las que sus aficionados intercambian canciones y videos (gratis, por supuesto), por no respetar sus derechos de autor. Al conocer las intenciones de Prince de defender ante la justicia su copyright, los fans han creado una coalición (Prince Fans United) que acusa al cantante de “amenazar la libertad de expresión”. Tal ha sido el tono de la polémica, que Prince ha tenido que frenar la posible acción judicial e incluso ha cedido de forma gratuita una de sus canciones para que pueda ser escuchada a través de la web de la citada alianza de aficionados.

El poder del directo
Perdida casi definitivamente la batalla digital, la industria y los músicos buscan otras vías de financiación. La primera opción es el impulso a los conciertos en directo. El propio Prince organizó este año en Londres una serie ininterrumpida de 21 conciertos para promocionar el lanzamiento de un disco del que, curiosamente, distribuyó dos millones de copias de forma gratuita. Aunque la música en vivo siempre ha sido una fuente de ingresos para el sector, ahora crece con fuerza y ya factura 17.000 millones de dólares en el mundo.

Los fans todavía aprecian disfrutar de sus artistas preferidos en directo y no dudan en pagar fortunas por una entrada. Para el próximo concierto de la legendaria banda de rock Led Zepellin, en Londres, se ha llegado a pagar 83.000 libras (116.000 euros) por un ticket. Madonna también se ha dado cuenta de que gran parte del negocio está en el directo. Después de haber abandonado su discográfica, Warner, la reina del pop firmó un acuerdo con la promotora de conciertos Live Music, de manera que la cantante tendrá más control sobre los derechos económicos de sus cotizadísimas giras.

Otra forma de recurrir a los fans para financiar a sus músicos preferidos de forma voluntaria es la que desarrolla AUA (apadrinaunartista.com). Esta firma ha creado una bolsa de valores, en la que los interesados pueden comprar acciones de un grupo para permitir que grabe un disco y se haga conocer. Si triunfa, el padrino recibe parte de los beneficios futuros de la banda. Esta iniciativa permite afrontar uno de los riesgos de la industria, según las discográficas: la imposibilidad de promocionar nuevos artistas al no tener asegurados los ingresos futuros.

La última estrategia en la que trabaja el sector es el de la publicidad como fuente de ingresos. La firma estadounidense Rcrd Lbl quiere ofrecer canciones gratis en páginas de Internet plagadas de anuncios. Entre sus primeros patrocinadores figuran Virgin Group, Nikon y Puma. Mientras, los asociados de IFPI trabajan para sacar más partido de los 34.000 millones de dólares en publicidad que ingresan en el mundo las emisoras musicales. Según esta patronal, “las discográficas ofrecen contenido a esas radios pero solo reciben a cambio 190 millones de dólares. Las emisoras arrebatan un valor increíble a la música grabada”.

“Un nuevo modelo para el consumo de música debe emerger de todo este proceso”, afirma en un informe reciente Richard Greenfield, analista de Pali Research. Pero es probable que el sector siga un tiempo con este proceso de prueba y error para encontrar su viabilidad. Por ahora, ni siquiera Prince acierta.

¿Funcionó el experimento de Radiohead?
Radiohead rompió los esquemas de la industria musical el pasado mes de octubre con un novedoso sistema de comercialización de su disco In Rainbow. La banda decidió colgar las canciones de su trabajo en Internet para que los fans las descargaran pagando lo que quisieran. Según un estudio de la firma de análisis comScore, dos de cada cinco internautas pusieron precio a su adquisición. Mientras un 62% de los fans se llevó el disco gratis, un 4% desembolsó entre 12 y 20 dólares. Al final, el precio medio obtenido por Radiohead ascendería a 6 dólares.

No es una cantidad despreciable, si se tiene en cuenta que más de un millón de personas se hizo con el disco, según algunas estimaciones. Pero a los componentes de Radiohead no les ha hecho ninguna gracia la publicación de ese estudio, basado en el comportamiento de los internautas que forman parte de la base de datos de comScore. El grupo ha emitido una nota en la que califica de “erróneos” los datos de ese informe, aunque no ofrece las cifras reales. La viabilidad de este método de comercialización sólo quedará corroborada si otras bandas imitan el modelo.

0 Responses to “El día que Prince perdió la batalla con sus fans.”



  1. Dejar un comentario

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: